Unidades Muralistas Ernesto Miranda (UMLEM)

Las Unidades Muralistas Luchador Ernesto Miranda (UMLEM) son el brazo propagandístico de la Izquierda Libertaria. Su surgimiento como muralista, sin embargo, originalmente asociada al grafiti, bajo el nombre de Unidad Muralista Lata en Mano, data del año 2003; al alero del incipiente proyecto Comunista Libertario en la región del Biobío, reuniendo a diferentes jóvenes provenientes del Street art y dispuestos a asumir el rol político de lo gráfico de manera mancomunada.

La asociación de esta iniciativa con un esfuerzo semejante en la ciudad de Valparaíso en 2004, llamado Brigadas Ernesto Miranda, convertirían el brote en las Unidades Muralistas Luchador Ernesto Miranda; manteniendo de este modo la sigla originaria, pero también la alusión al anarquista y sindicalista chileno, por su incansable y poco conocida contribución a la organización obrera y popular durante el siglo XX.

Durante los trece años que transcurren desde dicho origen, cientos de propagandistas han levantado Unidades Muralistas en más de una decena de las regiones del país; pintando en la intemperie de las calles por las que el transporte público traslada a millones de hombres y mujeres de sus poblaciones a sus lugares de trabajo y estudio, e igualmente bajo el abrigo de sus sindicatos, sedes vecinales, tomas de terrenos, liceos, institutos y universidades.

Estéticamente, las Unidades han recogido y fundido elementos de otras muralistas militantes chilenas, como la Muralista Camilo Torres, de la Izquierda Cristiana, e igualmente las Brigadas Ramona Parra, del Partido Comunista. De ahí los pelos arremolinados, los torsos, brazos macizos y rostros radiantes; entre banderas, pájaros y coligües, herramientas de trabajo, aguayos y kultrung. Combinación que, con distintos matices, ha sido tomada por organizaciones hermanas, de otros pueblos del continente.

Con trazo grueso, y asumiendo la disputa del sentido común, los murales de la UMLEM reafirman un mismo objetivo: la recomposición del tejido social del campo popular, la construcción de su poder y soberanía, y la conquista de una vida y un trabajo dignos.

Son también la reafirmación en colores de cada paso dado en esta dirección.

Son, por último, la pedagogía a través del arte muralista sobre las injusticias y las luchas en su contra, en las que el movimiento popular sigue forjándose como sujeto histórico.

 

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