Frente Feminista

Desde Izquierda Libertaria comprendemos el feminismo como un espacio de trabajo y organización transversal a nuestra organización, que se ubica como punta de lanza de las luchas que persiguen la emancipación del pueblo chileno. En ese sentido, el feminismo no es para nosotras/as, una labor de segundo orden ni tampoco una herramienta de dinamización de luchas superiores, sino que es una certeza que protagoniza los esfuerzos programáticos que realizamos a diario, en pos de la democratización de nuestra sociedad. Desde este frente hemos sido parte activa del proceso de rearticulación de las organizaciones feministas en Chile, en torno a demandas que visualizan la carencia de derechos e igualdad social en la que se encuentran mujeres y, los diversos grupos subalternos a propósito de su identidad de género.

Nos insertamos transversalmente desde el área sindical, educativa-estudiantil y territorial, con el fin de abordar la reproducción de patrones culturales sexistas y patriarcales en los distintos planos en que estos se manifiestan: buscamos construir un país más equitativo, a través de la denuncia y el trabajo por la superación de las relaciones de poder basadas en las diferencias sexuales, de género, raciales y étnicas.

En esta línea, hemos trabajado por fortalecer las demandas levantadas por la diversidad y disidencia sexual, mediante la creación de Secretarías de Género y Sexualidades en distintas casas académicas del país. Además, impulsamos el desarrollo de propuestas que disputen los derechos sociales y humanos que nos han sido negados, por ejemeplo: aborto libre, legal y sin causales; una educación sexual integral, afectiva, laica y no sexista; derechos sexuales y reproductivos; equidad de sueldos entre mujeres y hombres, por mencionar sólo algunos. Todo esto a partir de una lógica que permita a todas las personas desarrollar plenamente los distintos ámbitos de su vida al interior de un marco de derecho garantizado.

Desde Izquierda Libertaria buscamos avanzar hacia la transformación de las prácticas de opresión impuestas por la tradición cultural, que conjugadas con elementos propios del sistema capitalista, han sido causantes de la violencia simbólica y física que erige desde sentidos comunes a estructuras hegemónicas. Prácticas naturalizadas, cuyas consecuencias anualmente cobran la vida de decenas de mujeres, transexuales y homosexuales en el país. Por ello, hoy es urgente modificar los entramados que sostienen las diferencias sociales, políticas y económicas entre hombres y mujeres basadas en el sistema cultural del patriarcado. Las políticas públicas y los cambios constitucionales deben estar orientados a ello, exigiendo al Estado y a quienes nos gobiernan, avanzar en la legislación hacia los derechos de los que hemos sido privadas/os.

Siendo lo último indispensable, nos posicionamos más allá de lo institucional, toda vez que consideramos imperiosa la consolidación de un movimiento feminista activo, que permee las lógicas de la izquierda tradicional y extienda puentes trasformadores a las mismas. Así, una de las tareas que asumimos como prioritarias es colaborar en la construcción de un feminismo que -basado en el poder popular- derribe los cercos institucionales que han impedido a quienes son oprimidas(os), la consumación de su autodeterminación y por ello, de su desempeño como sujetas(os) colectivas(os), cuya deliberación sea efectiva en todas las dimensiones de su vida. En ese sentido, creemos fundamental el trabajo conjunto con otras experiencias feministas, que bajo el alero de una convicción orgánica, clasista y antimperialista, busquen transformar las condiciones actuales de subordinación por las que el feminismo lleva más de tres siglos abriendo caminos de lucha.